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Patologizando lo cotidiano.




Me resulta fácil encontrarme con gente que toma pastillas para dormir o que en algún momento de su vida han tomado antidepresivos. De hecho, según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMP), el consumo de este tipo de medicamentos se ha triplicado en los últimos años. La cifra actual ronda el 7% de la población española. Siete personas de cada cien son muchas personas tomando antidepresivos. Sobre todo si tenemos en cuenta que la prevalencia de esta enfermedad (es decir, el porcentaje de personas que la padecen en un periodo de tiempo determinado) es del 5% aproximadamente. Según esto, es fácil darse cuenta de que hay un 2% que está sobremedicado, ya que está consumiendo un fármaco que no corresponde con su diagnóstico.

Esto puede ocurrir por varios motivos: interés de la industria farmacéutica, conocimiento limitado de la salud mental por parte de algunos profesionales o tratar como una enfermedad sucesos o eventos cotidianos y normales en la vida humana. 
Es de este último caso del que quiero hablar hoy. 

No es patológico una ruptura sentimental.
No es patológico la muerte de un ser querido (padres, abuelos...personas que por biología se espera que fallezcan antes).
No es patológico un despido laboral.
No es patológico un traslado de domicilio.

Nada de esto es patológico per se. Y conozco por desgracia bastantes personas a las que se les ha mandado antidepresivos, o a terapia psicológica, cuando han tenido que pasar por un divorcio o por la muerte de un progenitor.

Todo lo que he mencionado son sucesos desagradables, tristes, estresantes y de fuerte impacto en la vida de cualquiera. Sin embargo, lo normal, es que tengamos los suficientes recursos para hacerlos frente. Ojo, no sin sufrimiento. El sufrimiento forma parte de nuestra vida y es una herramienta más de la que disponemos para superar estos "malos momentos". Por lo tanto, no es adecuado hablar de depresión o ansiedad en estos casos. Ni siquiera de trastorno adaptativo (que es una forma más leve de trastorno mental). 

Sólo podríamos hablar de trastorno cuando, pasado el tiempo requerido para hacer el diagnóstico (varía en función de cada uno), los síntomas más intensos perduraran y se cumplieran además otra serie de criterios.

En una sociedad tan centrada en el disfrute, en el bienestar y en modelos de felicidad poco realistas, es lógico que se catalogue como patológica cualquier forma de sufrimiento o de ruptura de ese confort. No obstante, es bueno tener en cuenta, como ya he mencionado en alguno de mis post (https://madreyesascosas.blogspot.com.es/2018/02/educacion-emocional-desde-bebes.html) que las emociones como la tristeza, el miedo o la ira, son necesarias y no tienen porqué representar a ninguna enfermedad mental. 

Y esto se aplica a los niños y a la crianza de la misma manera.

Una niña movida e inquieta no es hiperactiva.
Un niño que no se concentra más de 10 minutos cuando sólo tiene 3 años no tiene déficit de atención.
Un niño "contestón" o más rebelde no tiene un trastorno de conducta.

Por lo menos, no lo tiene por estos comportamientos que menciono. Puede padecerlos, pero deberían reunir otra serie de criterios mucho más extensos y duraderos.

Por lo tanto, vayamos con cuidado, no aceptemos diagnósticos de este tipo a la primera. Os garantizo que el TDAH, que es el ejemplo más común, no se puede diagnosticar a ojo en una primera consulta. Se deben hacer diversas pruebas y tests hasta llegar a un resultado más o menos concluyente, y aún así, a veces, se cometen errores.

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, hay que ir con mucho cuidado a la hora de diagnosticar una alteración como el TDAH, mi madre es psicopedagoga y siempre dice que hay que mirárselo mucho y mucho porque además hay diferentes grados. (Mamá Bamba)

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  2. Es que muchos duelos naturales se medicalizan por sistema.
    Yo tampoco lo entiendo.
    Besos

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  3. A veces me da la sensación de que para ciertas personas el hecho de vivir una situación traumática y acompañarla de una pastilla los hace mas sensibles, como que sufren más que los demás. No digo que sea en general pero lo he visto muchas veces.
    Hay que afrontar los miedos y los problemas y sólo recurrir a la medicación en caso de ser necesario.
    Muy buen post.

    ResponderEliminar
  4. Totalmente de acuerdo. Ahora todo lo que se salga de lo "normal" se busca solución a través de pastillas. Yo ya aluciné con unas que vi por la tele para estar más feliz. ¿Perdona? Creo que se nos estña yendo de las manos...

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