Desde el momento en que supe que estaba embarazada , surgieron en mí varias emociones que me fueron acompañando los casi diez meses siguientes. Agradecí muchas de ellas, pero hubo algunas que hicieron que no disfrutara de ciertos aspectos del embarazo. Aunque realmente no fueron las emociones las culpables, fue mi forma de gestionarlas. No llegué a disfrutar del presente, del momento que estaba viviendo. Todo era, o mejor dicho me parecía, peligroso o preocupante. Sólo deseaba que pasaran las semanas para que naciera mi bebé y ver que todo había ido bien. No disfrutaba de las ecografías . Llegaba con tanto nervio por si me decían que algo no iba bien, que me costaba procesar la información. Cuando por suerte me mostraban que la niña estaba perfectamente, estaba tan cansada de la tensión acumulada que desconectaba del resto de la consulta. El tiempo que pasaba entre revisión y revisión lo vivía como una espera larga y me costaba estar tranquila. Siempre anticipando, siempre...