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Medio día cualquiera.



Nada como despertarse con la frescura y encanto del llanto de mi hija. Ese timbre que sólo ella sabe ejecutar tan limpiamente y que toca en lo más profundo de mi ser para que abra los ojos rápida y eficazmente. Y ahí estoy ya, incorporada y firme como un soldado, dispuesta a atenderla con la mayor diligencia posible. A partir de este momento soy una súbdita a las órdenes de una jefa. (Teta). Mirar el reloj es sólo un intento por sentirme acoplada a la sociedad en la que vivo y saber si son horas decentes para estar despierta o si tengo permiso para volver a intentar dormir. Son las 8. Mejor despejarme que luego la caída es más dura. Vamos a por el cambio de pañal.
A veces me gustaría llevar la báscula de cocina al cambiador, para pesar esa maravilla de la ciencia, que soporta tanto líquido sin derramar nada. Desde luego, se nota que vivimos en el siglo XXI, ¡que innovación!.

Vamos a ponernos a jugar un poco, saco la manta de juegos, desparramo juguetes por el suelo, el salón ya parece un campo de minas amorosas. Tiempo de ponerme a desayunar. Café y...demasiado complicado, sólo café. Con leche, de la nevera, total, me lo voy a acabar tomando frío. La jefa ya reclama, se aburre, deben ser los 2 minutos más largos de su vida. Palmas palmitas, cucú tras, Rosa León por aquí, libros por allá...gruñidos más intensos (teta).

Parece que hace sol hija, vamos a pasear, que luego el pediatra siempre pregunta que si hacemos paseo diario (ya podrían prescribirlo a los adultos también, a más de uno se le nota que le haría falta). Pese a esa luz deslumbrante, es invierno, hace frío, y tengo que abrigarte como si fuésemos de expedición a la antártida, porque eres un bebé, y todos creemos que con 3 capas no es suficiente. Mejor poner 2 o 3 más para asegurarnos de que en caso de que caiga un obús, salgáis ilesos.
Es una pelea dura, pero de las pocas que gano yo y no la jefa. Al carrito, comprimida como una anchoa, pero de paseo oye.

Puede que te duermas o puede que no. En el primero de los casos puedo aprovechar a ir de tiendas, a comprarme ropa mona para cuando me incorpore a trabajar. En el segundo y más probable caso, aguantarás 15 minutos y empezarás a quejarte. Para mis adentros pienso que has aguantado muy bien la respiración dentro de ese buzo de plumas y que has tardado en protestar. Por fuera, cojo aire y a ti en brazos, y lucho contra la naturaleza que sólo me dio dos brazos y no me permite llevarte decentemente y empujar el carrito a la vez.

Llegamos a casa con prisas, subiendo en el ascensor cual niña poseída y cura exorcista, no se quien es quien. Entramos en casa, tiro tu abrigo, tiro el mío, todo para que dejes de llorar, que van a venir asuntos sociales y como vean la de capas que te pongo a lo mejor me retiran la custodia. (teta).

Ya casi es la hora de comer, hoy probarás una verdura nueva, poco a poco tienes que conocer la amplia gama de alimentos disponibles. Mejor así y que no acabes como papá y mamá, que a falta de ideas, siempre acaban comiendo brócoli o acelgas.

(...) continuará, que te voy a despertar con tanto darle a la tecla.


¿Te ha gustado? Queda medio día por contar, si quieres que lo continúe, puedes ponerlo en comentarios :)
¡GRACIAS!




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