Fue un recorrido angosto. Del cálido abrazo húmedo al frío tacto engomado. La oscuridad del origen se tornó luz intensa y cegadora. Así llegué al destino que no significaba el fin, sino el comienzo. Respiré, lloré y temblé. Estaba viva.
Si hay algo para lo que me ha servido estudiar el PIR (oposición para ser psicóloga clínica), a parte de para conseguir la plaza, ha sido para conocer un sinfín de autores interesantes de los que no me habían hablado en la carrera. Linville es uno de ellos. Propone una mayor complejidad en nuestra personalidad como base para ser más felices. Y viene que ni pintado cuando una se convierte en madre. Suelo poner siempre de ejemplo a una mesa. Una mesa con tres patas se sujeta, pero es mucho más estable si tiene seis u ocho. Cada pata de la mesa sería un "yo" o un rol diferente de nuestra personalidad. Cuando nos convertimos en madres (y padres) toda nuestra persona se ve envuelta en el rol de cuidador, madre en mi caso, y desaparecen casi por completo el resto de facetas. Esto hace que cualquier evento que afecte a la maternidad, como que un familiar critique mi forma de crianza o mi hija no se porte como yo deseo, me haga sentir inútil y poco válida. Sin embargo, si ...
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