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Hola, soy el miedo.

Hola ¿qué tal estás?
No espero que me contestes, te pongo yo la emoción a partir de ahora. Aterrada.
Ya me conoces, te acompaño desde siempre. Desde que tienes recuerdos y conciencia de ti misma.

Te he susurrado tantas veces al oído que te quedarías sola, que te abandonarían las personas que quieres o que les pasaría algo terrible que no sabes lo que es vivir sin eso ¿verdad?

Reconócelo, te has acostumbrado a mi presencia. Y de algo debo servirte, porque si no ya me habrías echado. Y aquí sigo, 29 años contigo, recordándote lo peligrosa que es la vida.

He conocido también a tu hija, un encanto. La persona más importante de tu vida. Aquella por la que darías todo. Me lo pones tan fácil... sabes que con ellos, con tu marido y tu hija, tengo trabajo para rato.
Puedo presentarte todo tipo de escenas hipotéticas de enfermedad, accidentes y sufrimiento. Enunciarte uno a uno los peligros de vivir, mencionar cada segundo la muerte, el dolor.

Y si con eso no consigo activar tu terror más prof…

Prestar la mente en la maternidad.

Soy psicóloga y a eso me dedico. A prestar mi mente. Ponerla al servicio de los demás para mostrarles sus vivencias desde una perspectiva nueva, no necesariamente mejor, pero nueva.

Hace poco una compañera me habló de esto. De lo agotador que resultaba ejercer nuestra profesión, dejando que nuestros pensamientos y emociones se vieran inundados por las experiencias de otros, y ofreciendo el resultado de esto como arma terapéutica. La verdad que agota. Aunque sé que todo trabajo tiene su lado estresante y cansado, no voy a rasgarme las vestiduras, no extraigo azufre en una mina tampoco.

Fue esta expresión de prestar la mente la que me dejó pensando. Y no es que yo tuviera un momento de lucidez sin igual y lo asociara de repente, como lo hice, a la maternidad como algo novedoso y rompedor. La información de que algunos antes que yo habían pensado en esto, estaba en mi cabeza y de manera inconsciente emergió.
Algunos como Donald Winnicott (pediatra y psiquiatra psicodinámico) ya hablaron…

¿Y quién es él?

La siguiente pregunta si hiciésemos caso a la canción deberíamos saber responderla. Deberíamos saber en qué lugar se enamoraron de nosotras nuestras parejas. Pero ¿entonces?, ¿a que viene la pregunta acerca de quién es él?, si está claro, es mi pareja, el padre de mi bebé y en mi caso, el hombre con el que me casé.
Conozco su grupo sanguíneo, su DNI, su historia biográfica, casi puedo saber lo que piensa la mayor parte de las veces. Pero desde que di a luz a mi hija, parece que aunque conservo la información objetiva, he dejado de saber quién es él. Ha dejado de ser el centro de mi vida.

Al principio ni me di cuenta, con tanta novedad, sensaciones y responsabilidades nuevas, una no estaba para pensar en cómo está con su pareja. Pero conforme pasaban los meses y el rol de madre comenzaba a estar asentado, es cuando le veía entrar por la puerta de casa y me preguntaba extrañada qué es lo que había cambiado. Cuando antes deseaba verle para estar juntos, hablar y compartir momentos felic…

Ir, venir, correr.

La sensación de prisa me invade. Desde que me levanto, si es que puedo establecer diferencia entre un día y otro, porque con tanto despertar nocturno cada vez me resulta más difícil. Pero para no complicar el asunto, sí, desde que me levanto.

Salto de la cama y ya voy tarde. Tarde para arreglarme, para dejar dado el pecho a mi hija, para organizar el día, para llegar al trabajo... tarde.

Salgo de trabajar y siento que voy tarde. Tarde para llegar a casa con mi bebé, tarde para limpiar, tarde para recoger, tarde para dejar preparadas cosas para el día siguiente...tarde.

Y entre tanta sensación de tarde, de prisa, de ir en volandas, siempre aparece, como una nube que me rodea y me atrapa, el tiempo con ella, con mi hija. Y es cuando me siento con ella cuando hago el esfuerzo consciente para que todo se pare. No el reloj, ni las obligaciones, pero sí mi mente. La mejor forma de crear recuerdos que permanezcan es hacerlo con atención, con dedicación. Igual que cuando estudiamos y el tema…

Madre de la madre.

Hace unos días se celebró el día de la madre. Un día bonito, lleno de flores y chocolate, donde se recuerda la importancia que para cada uno de nosotros ha tenido esa figura, siempre asociada al amor, calidez, contención y apego.

La madre es fundamental en el desarrollo de cualquier hijo. Se puede vivir sin madre, sí, pero no sin dificultades, más aún si no existe nadie que pueda ocupar ese lugar en los primeros años de vida, algo que a veces, desgraciadamente ocurre.

Pero no quiero hablar de esos temas tan tristes hoy.

Hoy quiero hablar feliz y orgullosa de Ella, de Mi Madre.
Y es que gracias a cómo ella ha sido, soy yo hoy. Particularmente como madre.

Al haber tenido a mi hija, me he dado cuenta de que gracias a cómo se ha comportado mi madre conmigo, me siento segura, confiada, capaz.

Es de las pocas personas con las que no me he sentido juzgada al comenzar a criar a mi bebé, como comentaba en este post.

Y eso que no es fácil. Las madres de las madres, cuentan con la experiencia y…

La importancia del vínculo.

Vínculo según la Real Academia Española de la Lengua se define como: "unión o atadura de una persona con otra".
Si bien es cierto que la palabra atadura tiene connotaciones negativas, hay que reconocer que el vínculo del que voy a hablar en parte ata y mucho.

Cuando nacemos venimos al mundo desnudos, en cuerpo y en afectos. Igual que ponemos a nuestros bebés ropa y los envolvemos en suaves mantas lo más rápido posible, les rodeamos también sin darnos cuenta de emociones y les inundamos con nuestra forma de relacionarnos con ellos. Y es justo lo que necesitan. Sin esa marea de sensaciones afectivas, se sentirían, nos sentiríamos, perdidos, aterrados y angustiados. 

Todo ese conjunto de vivencias que nos acompañan desde que nacemos hasta la vida adulta, y que están formadas por cómo se relacionan las personas de las que dependemos con nosotros, forman el vínculo. 


Cuando atendemos a nuestro bebé si empieza a llorar, estamos creando un vínculo seguro.Cuando le hacemos cosquillas pa…

Y tú, ¿te has sentido juzgada?

El sentirse juzgada es una percepción que muchas veces es más de una misma que de los demás.
Con el tiempo estoy aprendiendo que muchas veces soy yo la que creo que la gente me juzga, más por algún complejo mío que porque lo hagan en realidad.

Sin embargo, desde que soy madre, me he sentido tantas veces juzgada, que creo que más de una y de dos es porque lo he sido realmente.

Me he sentido juzgada ante profesionales sanitarios. Enfermeras, pediatras, personal administrativo, que parece que consideran que soy demasiado exagerada por llevar a mi hija con tos a la consulta. Que parece que les molesta que me preocupe por ella.
Me duele especialmente porque también yo soy profesional sanitario, y quizás por el ámbito en el que trabajo, la salud mental, no subestimo el sufrimiento y la gravedad de lo que la gente trae a consulta a priori. ¿Tan difícil es ponerse en la piel de las madres y padres? Lo más preciado que unos padres pueden tener, su hija o hijo, se encuentra mal, no le ven bien…

Que antes lo envidiaba.

Que antes lo envidiaba. Yo era así. Sentía así.
Veía parejas jóvenes sin hijos allá donde iba y no podía evitar sentir una punzada de nostalgia y de sutil envidia de esa forma de vida que ya no iba a darse más para mí.
Me lamentaba de no haber disfrutado lo suficiente, como me ocurre siempre con todo, de no haber agradecido la capacidad de decidir en qué invierto mi tiempo, la capacidad de control ante casi todo e incluso del agotamiento que ahora veo que no era más que un ligero cansancio pasajero.
De pronto al ver a otros de mi edad sin bebés, me preguntaba que había hecho con mi vida. Que mi hija es lo máximo en mi mundo es un hecho, nada que ver tenia con quererla poco o mucho. La quiero más que a nada, pero me quitaba muchas cosas de las que no me había despedido porque ni siquiera se me ocurrió que fuera a dejar de tenerlas. 
Y de pronto, tras un cúmulo de cansancio, de bloqueo, de hastío, llega como un bálsamo la sensación reparadora de darme cuenta que de pronto ya no lo envi…

Lo que no disfruté del embarazo.

Desde el momento en que supe que estaba embarazada, surgieron en mí varias emociones que me fueron acompañando los casi diez meses siguientes. Agradecí muchas de ellas, pero hubo algunas que hicieron que no disfrutara de ciertos aspectos del embarazo. Aunque realmente no fueron las emociones las culpables, fue mi forma de gestionarlas.

No llegué a disfrutar del presente, del momento que estaba viviendo. Todo era, o mejor dicho me parecía, peligroso o preocupante. Sólo deseaba que pasaran las semanas para que naciera mi bebé y ver que todo había ido bien.

No disfrutaba de las ecografías. Llegaba con tanto nervio por si me decían que algo no iba bien, que me costaba procesar la información. Cuando por suerte me mostraban que la niña estaba perfectamente, estaba tan cansada de la tensión acumulada que desconectaba del resto de la consulta.
El tiempo que pasaba entre revisión y revisión lo vivía como una espera larga y me costaba estar tranquila.

Siempre anticipando, siempre preocupada...

5 cosas que no me habían dicho antes de ser madre.

Escuché de todo: cuidado con las estrías, no vas a dormir nada, no tendrás tiempo para ti misma, tener un hijo es maravilloso, tener un hijo también es cansado...
Pero hay cosas que he descubierto yo y de las que nadie me había hablado. Cosas personales, en este proceso nuevo y fascinante de ser madre:

Que la preocupación sería mi nuevo estado constante. Adiós a la tranquilidad de tenerlo todo controlado. Bienvenido miedo a que mi hija sufra.Que todo aquello que me parecía importante se volvería de pronto intranscendente. Las prioridades cambian, incluso aquellas que pensabas que no iban a hacerlo.Que vería a mi pareja diferente. No había amor más grande que el que yo sentía por mi marido. Ahora hay otro amor más.Que cambiaría mi forma de ser. Donde antes me callaba si de defender mis derechos se trataba, ahora puedo gritar si hace falta para proteger los de mi hija.Que en la tarea de cuidar a mi bebé, sería ella la que sin saberlo, me estaba cuidando a mi. El cambio de vida no viene …